«Puesto en distintos contextos, aparece de distintas maneras lo que uno es»: Eduardo Elia y la música de su nuevo álbum.

«Puesto en distintos contextos, aparece de distintas maneras lo que uno es»: Eduardo Elia y la música de su nuevo álbum.

Cada lanzamiento discográfico de Eduardo Elia resulta siempre fresco y novedoso. El pianista y compositor de Villa María acaba de editar un nuevo álbum de composiciones originales que reafirma su estilo y a la vez sus rasgos de buscador constante. Desde La Nota Azul tuvimos el placer de entrevistarlo para acceder en sus propias palabras a la actualidad de su trabajo artístico.


«Lejos del torbellino»: abrir un paréntesis en el tedioso trasiego

Viene bien que se subraye el título del álbum, lanzado en el pasado mes de septiembre: Lejos del torbellino. En dirección contraria al momento presente, que cabe llamarlo cuando menos tormentoso (a diario crece el montón de firmezas que se desintegran bajo un cielo encapotado, sin miras de escampar), una masa de aire cálido y reposado se desplaza entre los seis temas -a los que se añaden tres intros- que conforman el último trabajo de estudio de Eduardo Elia. Música de tono sugerente e intimista capaz de abrir un paréntesis en el tedioso trasiego que embota los sentidos, habituándolos al bullicio vacuo.

Acompañan al pianista, compositor y docente de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM), combinándose de manera alternada en la ejecución de las distintas piezas, Cristian Andrada (contrabajo), Luis Barzola (batería), Martín Dellavedova (saxos), Lucas Acuña y Fabricio Amaya (guitarras).


La Nota Azul: – ¿Cómo es el paso de tu disco anterior Cuando sea necesario a la música de este disco Lejos del torbellino? ¿Qué continuidades y qué diferentes búsquedas estéticas sentís que se plasman en esta grabación?

Eduardo Elia: – Las diferencias entre el disco anterior y este tienen que ver principalmente con la forma en la cual fueron escritos los temas. Tenía ganas de escribir una música donde la armonía esté más pautada, al igual que el ritmo; un uso más funcional de la armonía, más relacionado -si se quiere- con la canción. Y que el producto de eso sea una forma distinta de improvisar a la que se venía dando en los discos anteriores. Por otro lado, la incorporación de la guitarra (algo que no había hecho nunca) también le da a este disco un carácter distinto respecto a los anteriores.
Las continuidades siempre pasan por lo que uno es. Puesto en distintos contextos, aparece de distintas maneras lo que uno es, musicalmente hablando.

LNA: – Son todas composiciones originales, de tu autoría. ¿Cómo surgieron? ¿Existió desde un comienzo la idea de tocarlas junto a los músicos que participaron en la grabación?

EE: – Esta música la escribí a principios de 2019 y la empecé a probar con varios orgánicos. La tocamos en dúo, en trío… Hasta que llegué a la conclusión de que quería también el sonido de la guitarra para esta música. Pero, más allá de los formatos, la escribí, sí, pensando en todo momento en los músicos que participaron en la grabación.

LNA: – ¿Cómo fue el proceso de producción del disco?

EE: – El proceso de producción fue más o menos como siempre. Supongo que te referís al tema de que fuese hecho en cuarentena. Grabamos todas las tomas a principios de este año, en una sola jornada de febrero. Y en marzo vino la cuarentena. Como pasó en casi todos los discos anteriores, la mezcla, el máster y todo lo demás se hicieron a distancia. El proceso de edición y posproducción, etcétera, no cambió demasiado respecto a eso. Tuvimos la suerte de grabar antes de la cuarentena.

LNA: – Nuevamente publicás a través de BlueArt Records. ¿A qué se debe esta relación ininterrumpida con el sello rosarino?

EE: – Sí, estoy muy contento de que sea de nuevo por BlueArt. ¡El séptimo ya! O sea, todos mis discos fueron sacados por el sello. La relación ininterrumpida se debe básicamente a la confianza de Horacio Vargas, su director. La que tiene en mí y en la música que hago. Y está mi alegría también: me siento identificado con algunos criterios que tiene el sello a la hora de editar música y de conformar su catálogo. Por otra parte, formar parte de un catálogo de este tipo ayuda un poco a unir la búsqueda de cierto perfil de oyente con la música que a mí me gusta hacer. Es, en algún punto, un lugar de encuentro, en esta época donde la cantidad de material que se graba y se edita resulta inabarcable.

LNA: – En el disco intervienen dos guitarristas, con dos recorridos artísticos individuales: Lucas Acuña, que estuvo últimamente muy abocado a su actividad como trompetista (Rinoceronte, la Córdoba Jazz Orchestra…) y Fabricio Amaya, que egresó recientemente de la Licenciatura en Composición Musical con Orientación en Música Popular, que vos coordinas en la Universidad Nacional Villa María. ¿Por qué convocaste a ambos para que se ocupasen del mismo instrumento? Asimismo, ¿te parece real el tan mentado riesgo, en los términos de la mezcla tímbrica, de reunir al piano acústico con la guitarra eléctrica?

EE: – El hecho de que estén en el disco estos dos guitarristas, Lucas Acuña y Fabricio Amaya, responde básicamente a que formaron parte del proceso. Fabricio Amaya es egresado de la carrera y veníamos tocando juntos hace muchísimo tiempo. Muy al principio tocamos esta música a dúo, entonces él ya la conocía. También me encanta cómo toca Lucas Acuña y fue con él con quien estuve todo el año pasado probando la música en formato de cuarteto, junto a Cristian Andrada y Luis Barzola. Es decir, todos los músicos que están fueron parte del proceso de probar la música y tocarla. Lo mismo pasó con Martín Dellavedova, con quien también toqué la música a dúo en algunas oportunidades y también se sumó al cuarteto durante el año pasado mientras tocábamos esta música.

Los problemas relacionados con la convivencia entre el piano y la guitarra en un grupo, más que tímbricos son de rol. Al ser los dos instrumentos armónicos, en algún punto hay que tener cuidado de que no se superpongan sus roles en el acompañar, por ejemplo. Con algunas precauciones, justamente, se pueden obtener resultados muy interesantes a la hora de construir una tímbrica grupal.

Eduardo Elia en La Nota Azul

LNA: – Aunque quizás su música ya haya podido ser interpretada en vivo antes, se deberá aguardar, no sé sabe hasta cuándo, para que “Lejos del torbellino” pueda ser presentado en vivo como disco. Partiendo de esa situación particular afectada por el contexto, ¿en qué estado creés que encontró la pandemia a la escena del jazz cordobés? ¿Tenés una opinión respecto a su situación actual? Además, ¿podés avizorar cuál será el futuro más cercano para ella?

EE: – La pandemia nos sorprendió. Y podríamos hablar no sólo del jazz, o del jazz cordobés puntualmente, sino de toda la música en general. El tema de la cuarentena vino a mostrar problemas que ya teníamos y bastante acentuados. La cuestión de cómo estaba cayendo la música en vivo, la cuestión de la necesidad de ver cómo monetizar de alguna manera toda la música que circula en las redes. Todas cosas que ya se venían dando. Yo espero del futuro que sea interesante en ese sentido. Por un lado, que la gente, con tanto tiempo en el que no puede verse música en vivo, se dé cuenta de que ésta hace falta; que vuelva a estar esa necesidad. Por el otro, que quien consume música se dé cuenta de cuánto le hace falta. En esta pandemia, creo, debió en parte darse cuenta de cuánto puede usar todo el arte en general y la música en particular. Y que sí se vea como un producto que merece remuneración, porque está demasiado extendida la idea de la música como un «bien público» que se puede descargar y escuchar gratuitamente. Debe entenderse que el músico invierte mucho tiempo y mucho trabajo en producir esa música y que todo ese tiempo y todo ese trabajo necesitan ser remunerados.


LNA: – ¿Tus estudios, investigaciones e interpretaciones de la música de Arnold Schöenberg que hemos podido escuchar últimamente, marcan un camino de búsquedas futuras para tu trabajo como compositor y artista? ¿En qué proyectos estás trabajando o pensando en este momento?

EE: – Paralelamente a la música que yo escribo, a la música improvisada o de jazz en particular que estoy trabajando y a los proyectos de mis compañeros, siempre trato de estar estudiando otro tipo de literatura pianística. Alguna obra de algún compositor que me enriquezca a mí como pianista y como músico en general. En ese contexto vengo estudiando un montón de cosas y últimamente venía tocando unas piezas de Schöenberg. Cuando empezaron más o menos a madurar un poco, me dieron ganas de improvisar incluso con esas piezas. Eso lo hice el año pasado. Quizá se transforme en algún tipo de trabajo más concreto, el de hacer algunas improvisaciones sobre esas piezas de Schöenberg. Habiendo sido un desafío para mí estudiarlas, tuve ganas de mostrar esa música e hice el típico video de cuarentena. Pero siempre estoy estudiando algo en paralelo a la música de jazz o a la música improvisada que estoy trabajando.


Entrevista realizada por Gastón Rama y Franco Boczkowski

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